Incentivos o sentido del deber

"¿Qué hubiese ocurrido si en vez de ponerles un incentivo para no inventarse bajas por enfermedad se hubiese apelado a la honorabilidad de esos bomberos, a su sentido del deber, a su responsabilidad, o incluso a su patriotismo? Las investigaciones que desde hace años desarrolla el americano-israelí Dan Ariely nos ofrecen una pista al respecto: resulta que, por sorprendente que pueda parecer, basta con recordarle a la gente sus deberes, o hacerles firmar o prometer que los cumplirán, para que de hecho la gente los cumpla mucho más.

Los seres humanos no somos solo máquinas egoístas a las que únicamente importa sacar tajada. Lo que desvelan tanto Bowles como Ariely es que somos también personajes a los que nos gusta contarnos historias sobre nosotros mismos, y una de esas historias que nos gusta es vernos como personas fiables, como gente que cumple con sus deberes, como individuos que merecemos el aprecio de los demás. Aristóteles ya se dio cuenta, hace casi 2.400 años. Quién sabe, tal vez un día, en algún programa televisivo de alta audiencia, haya que dejar algún espacio a este viejo filósofo griego, junto naturalmente a los politólogos y economistas de rigor."

Escrito por Miguel Ángel Quintana.

Mercado y racionalidad

“La no racionalidad de las reglas es importante, pero no quiere decir que sean arbitrarias y mucho menos irracionales, sino que surgen evolutivamente, por ensayo y error, a lo largo de un curso complejo que no responde a un designio de la inteligencia humana. Corolarios de esta idea son la modestia y la cautela: modestia porque no sabemos bien cuál es el origen y cómo es el funcionamiento de estas instituciones básicas, y cautela, por tanto, a la hora de intentar reformarlas o incluso destruirlas a partir de postulados intelectuales. En esta cautela late un principio de la acción humana, largamente reconocido: el de las consecuencias no previstas ni deseadas. La complejidad de la vida social hace que estas consecuencias existan en todos los órdenes, para bien y para mal. Ni la modestia ni la cautela caracterizan al rechazo intervencionista del mercado: éste se basa en la soberbia de que es posible comprender intelectualmente a la sociedad de modo cabal, y en la imprudencia de creer que se puede jugar con esas reglas e instituciones gratuitamente.”

Extracto del libro "Estado contra Mercado", de Carlos Rodriguez Braun.