España y los españoles

"Yo también pienso en España. En la manifiesta superioridad española. Para empezar el wifi y la conexión de datos. En España habría una revuelta popular. Múnich es una ciudad unplugged y lo peor es que no parece tomárselo a mal. Luego, la comida. Salvo los países asiáticos, que no conozco y que ya veremos, no hay un lugar en el mundo donde la comida sea más satisfactoria, creativa, sana y barata que en España. Y cuanto más sofisticada es la comparación, más. Luego el ir y venir: carreteras, trenes y aeropuertos: no es fácil presentar un pack mejor. Paradójicamente lo peor de España son los autores de este prodigio, que son, naturalmente, los españoles. No se trata solo de la celebrada falta de autoestima. Es también algo relacionado con el descuido, con los márgenes mal segados de los caminos. Los españoles no rematan, no redondean. Han hecho, hacen, un gran trabajo. Pero proceden como el que pasa horas limpiando la cocina avasalladora y deja un par de vasos sucios en el fregadero. Luego es verdad que los españoles tienen enemigos muy adentro, y ésa es una singularidad de alto espectro que cabe vincularla con el manifiesto desprecio, aunque solo sea provincial, local, pequeño, por lo común.  La única inferioridad española visible son los lavabos. Esa es la razón, por ejemplo, de que los restaurantes españoles no tengan más estrellas que cualquier otro país. Es sabido que lo primero que hace el señor Benito Lamas, de la adiposa guía Lamas, cuando entra en un restaurante es preguntar por el lavabo y allí quedarse. Pero sí, los lavabos son el garve problema español. Insisto: lo que no saben gestionar bien los españoles es la basura que llevan dentro."

Escrito por Arcadi Espada.

Entrevista a Iñaki Arteta

"¿Cuál es la historia de Luis Domínguez, que simplemente era el enterrador del cementerio de Bergara? He leído que lo mataron porque enterraba a guardias civiles. Fue en 1980. Tenía treinta y nueve años, cinco hijos.

Enterraba a guardias civiles y luego él era cazador, iba al cuartel para las licencias, charlaba con ellos, se tomaban un vino, era como colega de guardias civiles. Chavales eran. Todos los guardias civiles que iban al País Vasco eran chavales. Y por eso lo mataron. Supongo que en los entierros los enterraría bien y de ahí la ofensa. Lo amenazaron y le hicieron alguna otra cosa antes de matarlo. Lo mataron en la puerta del cementerio, y uno de los asesinos, años después, cuando hicimos la entrevista, vivía en el piso de arriba de la viuda.

Y la historia de Ángel Astuy, en Oñate, cuarenta y ocho años, cinco hijos.

Sí. En 1980, prácticamente igual. Un policía municipal que hablaba con los guardias civiles. Les dirigía la palabra, en el pueblo. Y en la película dice su hijo que les decía el padre: «Cómo no voy a hablar con esos chavales, que vienen de no sé dónde a trabajar aquí, si yo soy un policía municipal, cómo no voy a hablar con esos chicos». Porque eran del gremio. Y ya le decían: «Ten cuidado con quién hablas»."

Entrevista completa.

Errores

Pienso mucho en los errores que cometo; los pequeños y los grandes. Hace años, aunque no tantos, pensaba que modificando las decisiones que llevaron a esos errores, podría haber tenido éxito. Con el tiempo me di cuenta de la imposibilidad de hacerlo, ya que la información con la que tomaba las "nuevas" decisiones no existía en el pasado. Ahora soy más consciente de que en un mundo lleno de incertidumbres el error es una manera de aprender. Asumo que la prueba y error es parte de mi vida. Como soy muy adverso al riesgo, procuro que el error tenga las menores consecuencias negativas posibles.

Sí me preocupan mucho los errores repetidos. Ésos en los que caigo una y otra vez. Trato de reflexionar, de pensar por qué los he cometido, ya tengo la información para no volver a caer, pero vuelvo a tropezar. Es cierto que en situaciones complejas, con muchas variables en juego, una alteración de alguna de ellas puede hacer variar esa situación de tal manera que la información se confunda o simplemente sea diferente. No obstante, hay situaciones simples, con cambios mínimos, en las que fallo una y otra vez, o al menos no acierto siempre. ¿Por qué?

Por otra parte, si siempre acertase, qué aburrida sería la vida. Es mi consuelo.